Basilea II es el nuevo marco regulador con el que tendrán que operar todos los bancos. Su propósito es salvaguardar la estabilidad del sector financiero y una de sus características es la visión integral del riesgo.
La primera fase del Acuerdo surtirá efecto en 2007, y la segunda en 2008.
El Acuerdo regula la cuantía del capital que los bancos tendrán que provisionar para sus préstamos y requiere que este capital refleje mejor los riesgos crediticios reales que entrañan las empresas a las que los bancos les han concedido tales préstamos. Los bancos pueden seleccionar uno de los tres métodos que existen para determinar los riesgos y sus consiguientes requisitos de capital; las instituciones con la gestión de riesgos más elaborada se verán recompensados con requisitos de capital más bajos en relación con sus bases de capital, que es uno de los motivos por los que el crédito no se hará necesariamente más caro. Tampoco hay lugar para un estrangulamiento o colapso crediticio, ya que las carteras de préstamos de los bancos de hecho han crecido en proporción a sus activos totales.
A partir del 1 de enero de 2007, los bancos habrán de disponer de datos históricos de los préstamos a sus clientes, la información necesaria para evaluar la solvencia de sus clientes. Se cree que tres cuartas partes de las empresas carecen actualmente de información suficiente sobre los nuevos criterios de los bancos en materia de riesgo de crédito.
Se espera que la mayor transparencia de la contabilidad empresarial y de la información que se comunica a los bancos, aumenten la objetividad de la cesión de nuevas líneas de crédito. Cuanto más favorable sea el perfil de riesgo de una empresa, mejor será su valoración como riesgo de crédito, con lo que las condiciones que le ofrezca el banco serán a su vez más favorables.
La solvencia como prioridad de la dirección
Los bancos volverán a evaluar el riesgo de crédito de las empresas a lo largo de la vida de la financiación, lo que parece abonar el terreno para un mayor papel de los contables. El análisis sistemático de la solvencia de la empresa es un elemento útil de su planificación a medio plazo.
La solvencia de la empresa debe ser una prioridad de la dirección. El manejo eficiente de los deudores, un buen historial de pagos e información financiera actualizada ayudarán a mejorar la calificación crediticia.
Los bancos emplean criterios cuantitativos y cualitativos para evaluar el riesgo de crédito. Los factores cuantitativos son el endeudamiento, la liquidez, la rentabilidad, capacidad de pago de la deuda y garantías. Los factores cualitativos son la calidad y capacidad de la dirección, entorno de mercado y la forma jurídica de la empresa. Se utilizan muchas y variadas fuentes de información, desde los balances y cuentas de pérdidas y ganancias hasta los planes de negocio y las declaraciones fiscales, así como reuniones con la dirección.
Una empresa cuyo riesgo de crédito no obtenga un buen rating puede verse en dificultades en el futuro. Según Basilea II, el banco se verá obligado a encarecer sus préstamos, a restringir líneas de crédito o a negarse a concederle más préstamos.
Para mejorar su evaluación o rating de riesgo de crédito, las empresas pueden utilizar más los métodos de financiación fuera de balance, como el leasing y el factoring. Otra opción es recurrir al capital privado.
Una baja capitalización es una hipoteca sobre el futuro
Según Basilea II, los criterios básicos para conceder préstamos seguirán siendo sin duda la competencia de la dirección, la capacidad de la empresa de devolver el préstamo y unos fondos propios adecuados.
Las empresas demuestran su capacidad de devolver la deuda mediante planes de negocio creíbles y flujos de tesorería históricos. Con Basilea II, los flujos de tesorería que las empresas sean capaces de demostrar cobrarán más importancia.
Las empresas también deben demostrar su rentabilidad inherente, algo que los directivos de muchas pymes y otras mayores tendrán que decidir cómo resolver, además de organizar correctamente los beneficios en especie y la separación de activos corporativos y personales. De este modo, las empresas pueden estructurar sus actividades como lo haría una gestora, reforzando así la transparencia de sus operaciones.
Basilea II tendrá también un gran impacto en los fondos propios, ya que aumentarán las sanciones en caso de baja capitalización. Esta suele preferirse por motivos fiscales, debido a la alta carga tributaria en muchos países, que hacía que un exceso de capitalización se convirtiera en sinónimo de caro. Son demasiadas las empresas con un endeudamiento excesivo. En Europa, por ejemplo, los créditos bancarios suponen el 22% de la financiación, en comparación con el 12% en el Reino Unido y el 4% en EE UU.
La insuficiencia de capital es una hipoteca sobre el futuro y esta situación debe cambiar. La retención de beneficios y las inyecciones de capital han aumentado su atractivo en los últimos años, y los fondos propios han de usarse más ampliamente para financiar los negocios.
La nueva relación en préstamos: seis recomendaciones
¿Qué precauciones puede adoptar una empresa para evitar una mala calificación de riesgo crediticio? La Comisión Europea ha propuesto seis recomendaciones, las reglas básicas que regirán las relaciones en materia de préstamos en el nuevo entorno Basilea II.
La recogida de información y los sistemas de calificación crediticia varían de banco a banco. Una recomendación es que las empresas obtengan información al principio sobre el tipo de documentación que utiliza el banco, sobre su método para medir el riesgo, sobre la información que exigirá y sobre si revelará los resultados de su evaluación de crédito.
La empresa debe desarrollar la disciplina que le permita presentar información completa e inequívoca al banco dentro de los plazos acordados.
Cada banco tiene sus propias condiciones para préstamos. Los factores que las afectan son, de mayor a menor importancia: la evaluación del riesgo de crédito, garantías (en forma de efectivo, propiedades, valores, cuentas pendientes, existencias, etc.), duración del préstamo, cláusulas especiales (endeudamiento máximo, liquidez mínima, ratio deuda / fondos propios, etc.), relación con el cliente, volumen de préstamos (la empresa puede lograr mejores condiciones solicitando varios préstamos del mismo banco).
Un sistema de calificación crediticia activo requiere que la directiva esté alerta y vigile los factores cuantitativos y cualitativos que cambian los perfiles de riesgo de sus empresas.
La situación de la empresa será supervisará por el banco a cierta distancia a lo largo de la duración del préstamo. Unas cifras decepcionantes, la suspensión de crédito por parte de los proveedores, una estructura negativa de flujo de efectivo o ratios de contabilidad fluctuantes pueden suponer una violación de las condiciones del préstamo y dar la señal de alarma. Además, las empresas deben llamar la atención de sus bancos para que sean conscientes de la auténtica situación de mercado.
Por último, la empresa puede usar otros tipos de financiación, incluyendo productos innovadores.
Medidas para reducir los requisitos para endeudarse
En resumen, Basilea II endurece los requisitos de los préstamos por el lado de la demanda y merece la pena plantearse seriamente medidas para limitar las necesidades crediticias y productos alternativos, que pueden tener un gran impacto en la cuenta de resultados.
Las empresas pueden reducir sus necesidades crediticias recurriendo al leasing, al factoring, y/o al aumento de las eficiencias, que se reflejan dentro de los activos en el balance. El leasing afecta al capital empleado, el factoring a las cuentas a cobrar, y el aumento de la eficiencia a los activos que pueden convertirse en efectivo en un año. Las ganancias de eficiencia surgen principalmente de la reducción de los niveles de existencias y/o del aumento real de la productividad.
El uso de formas alternativas de financiación va al alza. Entre ellas hay que incluir fondos propios, estructuras mezzanine e incluso incentivos financieros, como las subvenciones estatales, que figuran como pasivo en el balance de resultados. Los fondos propios afectan a la base de capital de la empresa, la mezzanine a los préstamos y a la base del capital, y las subvenciones a los préstamos.
La financiación vía mezzanine usa una combinación de deuda y fondos propios, y es previsible que vaya en aumento. Para 2007, todos los bancos europeos ofrecerán este tipo de financiación.
Conclusión
El resultado del Acuerdo Basilea II sobre Capitales será que todos los bancos adoptarán un planteamiento más refinado para evaluar el riesgo de crédito, lo que hará que las empresas pongan a punto sus finanzas y que las directivas optimicen su perfil de riesgo crediticio. Las empresas que entregan habitualmente informes y cifras claros y bien justificados a sus bancos estarán en buena posición para negociar.
El segmento corporativo de tamaño mediano no se verá perjudicado por el nuevo Acuerdo y seguirá siendo muy importante para los bancos. Además de usar formas tradicionales de deuda, las empresas medianas y grandes pueden aprovechar una serie de nuevos productos crediticios con fines específicos, como leasing, factoring y capital privado, que no afectan negativamente su perfil de crédito.